FIN DE SEMANA DE LOS SANTOS
El fin de semana de los santos me fui con la familia de mi mujer a Cazorla, al camping de la Pascuala (al lado del de los Llanos de Arance), y me fui preparado, cargué con mi bici y mi ropa de correr.
El sábado a las 7.00 de la mañana ya estaba en pie, desayuné y después de buscar como loco las llaves del coche para coger el gps, nos fuimos (me acompañaba el marido de la prima de mi mujer) dirección Torre del Vinagre. Aquí dejamos el coche y ya montados en la bici, puse a funcionar el cacharro (me había descargado de wikiloc una ruta que prometía), el principio de la ruta me lo conocía de hacerlo andando, así que bajando hasta el Borosa sólo me preocupé de encogerme al máximo posible y esconder todo lo que pude los dedos de las manos (me estaba quedando congelado).
Al llegar al Borosa empezamos a subir hasta la Cerrada de Elías, aquí nos desviamos y pudimos disfrutar de unas vistas maravillosas del río Borosa y cómo había esculpido la piedra con el paso de los milenios. Puentes preciosos de madera y a pesar de la época en que estamos y las pocas lluvias recientes habidas, increíblemente bajaba agua.
De la Cerrada de Elías salimos otra vez al camino del Borosa y en un cruce nos desviamos hacia la izquierda, buscando la Central Eléctrica. Un poco más adelante del cruce segunda sorpresa del día (la primera fue extraviar las llaves del coche), a mí me gusta ir como un loco en las bajadas anchas, con lo que siempre que había alguna me dejaba caer y al acabar esperaba a mi compañero de fatigas. Pero en una de ellas, sorteé un gran charco-laguna en mitad del camino y al pasarlo esperé para avisar a mi compi, pero no venía, empecé a preocuparme y cuando me disponía a montar para subir en su busca, lo ví aparecer a lo lejos con la bici andando, había pinchado.
Le digo, "no te preocupes Juanjo, la cambiamos en un pis pas, dame la cámara de repuesto" y me contesta "¿qué cámara?, esta es la bici de mi cuñao, éste no tiene de nada". Cruzo los dedos para que fuera de la misma medida que la mía y ¡buf!, menos mal, sirve la mía.
Perdemos nuestro tiempo cambiando la rueda, cogemos la bici y a apretar el paso, notaba que cada vez mi compadre se me quedaba más atrasado, su cara lo decía todo, empezaba a estar muy cansado.
Llegamos a la Central Eléctrica y ya casi todo el camino hasta arriba lo hicimos andando, es muy empinado y con mucha piedra suelta. Tiene que ser espectacular esta zona cuando baje agua en el deshielo, las formaciones rocosas adoptan formas muy curiosas y hay multitud de cuevas. En este punto y pensando que alguna vez tenía que acabar la subida vimos unos buitres sobrevolándonos pero a muchísima altura, cada vez se iban uniendo más miembros a la bandada, se juntarían más de una decena.
Un poco más arriba cruzaron por delante nuestra tres cabras montesas, cuando fui a coger la cámara me miraron con cara extraña y se perdieron dando saltos.
Llegamos a los túneles de la Central, son espectaculares, vas subiendo y de buenas a primeras observas como la baranda del camino literalmente se mete en la montaña de piedra. Aquí tienes que hacer malabarismos para pasar con las bicis (de pie y con la bici sobre la rueda de atrás).
Sales de un túnel y al poco entras en otro. Al salir de los dos, se volvió loco el gps (normal, perdió los satélites y tardó mucho en recuperar señal), pero por intuición seguimos hacia el embalse de Aguas Negras, (creo que aquí es dónde pescaba Franco) y tercera sorpresa del día: Juanjo apoya la mano en la baranda, dá un grito y veo salir una avispa de su mano. Después de quitarse el aguijón y aplicar algo de barro, vemos unas ondas amplias en el agua y pienso que pueden ser del monstruo del Lago Ness (si era un pez, era enorme).
A estas alturas y agobiado por la cantidad de tiempo que llevamos para haber hecho apenas veinte kilómetros, confirmo lo que estaba sospechando, Juanjo está muy tocado, la subida de antes ha pasado mella y no puede pedalear ni llaneando.
Así que comenzamos a andar con la bici, sólo nos subíamos en las bajadas y al salir a un cruce (por dónde creo que se va al pino milenario), veo bastantes coches aparcados, pienso que ya será fácil llegar hasta este sitio en coche, con lo que en cuanto acabamos la bajada le propongo a Juanjo echarme delante para coger el coche y volver a por él, ya eran las dos de la tarde y aún nos quedaban 30 kilómetros.
Apreté los dientes, nueva sorpresa en una bajada (un zorro tumbado en mitad del camino) y en algo más de una hora llegué a la Torre del Vinagre, cargué mi bici y volví a por Juanjo, que ya había avanzado algo.
La ruta muy bonita pero también muy dura.
Al día siguiente, me calcé las zapatillas de correr y me fui dirección al río Aguamulas, subida contínua, al volver bajada, en total algo más de 15 kilómetros.
Y el lunes para rematar la faena (y escaquearme de lo que más odio, hacer la maleta para volver a casa), volví a coger la bici y llegué por el camino del camping Llanos de Arance, hasta el pantano del Tranco, ir y volver 40 km aproximadamente, ruta muy bonita y suave, adecuada para todos los estados de forma.
Era una pena ver cómo bajaba el Guadalquivir, pero a pesar de eso tenía un caudal considerable.
Todas estas rutas y las que vaya haciendo y me acuerde, las colgaré en mi perfil de wikiloc (podéis acceder a través del enlace que está a la derecha de esta página).
