Me mudo. No acabo de cogerle el truquillo a la coctelera y además cada vez me metían más anuncios así que voy a probar suerte en otro lado, donde, dicho sea de paso, te pagan si hay movimiento en los anuncios que publican.
La nueva dirección del blog es
http://elultimodelpeloton.blogspot.com
Por allí os espero,
Saludos, besos y abrazos varios.
Título largo para una crónica no tan larga, espero.
Mis obligaciones de albañil (hasta los c..... de obra está uno) han hecho que deje a un lado el blog y algo más importante: mis entrenos, así que pido disculpas por lo descuidado que tengo el blog últimamente.
El viernes 7 de mayo llegamos a Salobreña. Cuando fuimos a duchar a la princesita le vimos unas ronchas, así que nos fuimos a Urgencias a Motril y diagnóstico: varicela, tratamiento: "cuarentena", prohibido acercarse a ningún otro niño ni a ninguna mujer embarazada; miré con cara de póker a mi mujer y a la mañana siguiente paseíto muy agradable (en contraste con el viento que hizo la tarde del viernes) en busca de farmacia. Vuelta a la casa y prueba de embarazo, miro la prueba y una sola rayita ("¡nena, que no tas'!"), vuelta a jugar con la peke y a los pocos segundos: "Nono, que aquí ha salido otra raya". Alegría por todo lo alto (nos ha pillado de sorpresa, aunque los dos teníamos muchas ganas de aumentar la family).
El domingo no podía quitarme de la cabeza la "buena nueva", ni de la cara la sonrisa. Me dirijo a recoger el dorsal y busco a Cristóbal del Huelma 2003, no para hacer la carrera con él (quiero llegar a conocer a mi segund@ hij@), sino por echar un rato de charla antes de la salida. No lo veo pero sí a algunos del Jaén Clima, así que charlo un poco con ellos y me pongo a calentar.
Pistoletazo de salida y aunque no estaba bien situado, empiezo a pasar a gente sin mayores problemas, cuando llevamos unos cientos de metros, miro el gps y me asusto al ver que mi ritmo medio estaba sobre los 3'15'', así que levanto el pie del acelerador y me pongo en unos "cómodos" 3'45''.
Del Polideportivo nos sacaron al pueblo, pasando por la calle del Mercado, de aquí hacia el Peñón, Paseo Marítimo hacia Urbanización Mayorazgo, giro de 180º, Paseo Marítimo hacia Peñón, Vial descendente (hasta el puente nuevo), Vial ascendente y de nuevo buscamos el polideportivo (9,8 km).
La carrera aunque es el primer año que se celebra, la conozco perfectamente, mis suegros tienen un apartamento en Salobreña y he corrido mucho por sus calles, caminos y huertos. Más llana imposible, con algo de calor (como me gusta correr a mí) y con una humedad altísima (alguna pega tenía que tener). Así que aunque no llegaba en mi mejor forma me encontraba a gusto en carrera, además el no conocer a nadie hizo que no me agobiara con el ritmo de los demás.
Al pasar por el Mercado veo a mi equipo de animadores (suegros, mujer e hija) y salto para chocar la mano de mi hija (estaba en los hombros de su abuelo), qué fuerzas se tiene al principio de la carrera (y cómo se acuerda uno de estos excesos en los últimos compases).
Al empezar el paseo marítimo, bajo algo el ritmo y me sitúo sobre los 4'00 (esto de llevar gps es una maravilla), aún así sigo pasando algunos corredores, mientras que son muy pocos los que me pasan.
Al doblar hacia el Vial veo que los siguientes a los que tengo que dar caza los tengo bastante lejos, así que comienzo a apretar algo el ritmo y vuelvo a bajar de los 4', doy caza al grupito casi al final del Vial y al girar en la rotonda del puente del Vial observo a un corredor algo más adelante del Playas de Jandía muy pelado que se me figuró que era mi compañero de instituto, subcampeón de España y campeón del mundo de veteranos en 50 km Marcha (ahí es nada): Juanito Porras, así que apreté aún más (ya ni miraba el gps) para pillarlo y saludarlo, pero como no era y ya estábamos rozando el km 8 aceleré aún más (total pa' lo que queda).
Cuando acabamos el Vial, pensé en aflojar, estaba empezando a agotarme, pero ahí estaba mi chikitaja sentada en un bordillo (al lado de la gasolinera) y con su mano extendida para chocármela, así que me salí del grupillo para darle la mano y noté cómo se me cargaban las pilas. Es increíble la fuerza que puede dar el ver a los tuyos cuando crees que ya no puedes más.
Pillo aún algún corredor más y me permití el lujo de esprintar en los últimos 100 metros. Al final 37'34'', 71 de la general, 17 de los veteranos A, a una media de 3'46'' según la organización, de 3'49'' según mi gps.
Muy contento con la marca (es la primera vez que corro un 10000 "llanito") y más contento aún con volver a estar embarazado.
A la semana siguiente anuncia ZP que no sólo me va a rebajar el sueldo y me lo congela de cara al año que viene (habrá que ir metiéndolo en el microondas para que se vaya descongelando), sino que también eliminaba el cheque bebé desde el 1 de enero de 2011 (coñi, podía haberlo hecho a partir del noveno mes de anunciar su medida, la fecha prevista de mi parto es el 10 de enero). En fin, ni eso logra bajar mi estado de euforia con mi embarazo.
Después de esta carrera las salidas brillan por su ausencia. Como quería hacer la Cazorla Trail Running (que era el 22 de mayo a las 13:30) quise probarme con el calor, así que el miércoles 19 nada más terminar de comer a las 3:45 de la tarde (con 37º) salí a darme una paliza de 15 km algo rompepiernas. Al llegar al Jontoya noté un bajón increíble, a la vez que ardía mi cuerpo y dejaba de sudar, me asusté mucho, tuvo que ser un golpe de calor porque estuve un par de días hecho polvo, con lo que descarté quedar con Manolo y Raúl para ir a Cazorla. Por cierto les reitero mi enhorabuena a los dos desde aquí, carrerón de bandera, Raúl vencedor absoluto de la prueba y Manolo 4º de veteranos (no pilló podio porque eran acumulativos los premios, injusto, soy de la opinión que si ya tienes un trofeo, ¿para qué quieres otro igual en la misma carrera?). A ver si salgo algo más con ellos y se me pega algo bueno.
El sábado por la tarde, ya que no fui a Cazorla, retorné al circuito de carreras populares, con una de las que más tradición tiene en Jaén: La Legua Manuel Pancorbo. A pesar de mi baja forma y el incipiente resfriado me alegré de ir, sólo por ver a tant@ conocid@ y amig@, poder saludarl@s y echar un rato de charla.
Tanto me explayé con la gente que charlando con Alberto (compañero blogero) sobre mis últimos retos, me doy cuenta que están a punto de dar la salida y estoy ¡el último!. Veo a mi compañero José David algo más adelante y me voy con él, a pesar de eso no es que adelantara mucho. Pistoletazo y embotellamiento, hasta que torcemos la primera esquina y me subo a la acera para adelantar a todo el que pudiera, caos, adelantamientos por todos sitios, cruces imposibles, choques con las pizarras de los bares que atestaban las aceras, hasta que me encuentro en un grupito con un ritmo cómodo.
Tres vueltas a un circuito repleto de gente bastante animosa, me lo tomé con relativa calma y a pesar de que supuestamente he perdido chispa, sólo tardé 8 segundos más que el año pasado, para acabar los 4,76 km en 17'23'' (habrá que restarle algunos segundos por la mala salida), pero a una media muy buena de 3'37'' para una carrera que aunque suave, es un continuo sube-baja.
En definitiva, aunque el circuito que tenemos en Jaén es decepcionante para el que le guste el fondo, pero es la excusa perfecta para encontrarnos tod@s l@s que nos gusta y disfrutamos de este mundillo.
Al final no ha sido tan breve el relato como prometí, pero amigos, es lo que hay.
Vista de Sierra Nevada desde la SerrezuelaNo suelo colgar entradas con mis entrenos, pero al igual que cuando empecé en esto del correr, me siento como un niño con zapatos nuevos desde que he empezado a hacerle guiños a la montaña y no puedo dejar de compartir mis sensaciones con gente con las mismas inquietudes que las mías. Otra cosa no, pero cabezón y orgulloso soy como yo sólo. Así que después del “fracaso” de Sierra Elvira me he propuesto soltarme algo más en este medio. Por supuesto sé que si en asfalto no destacaré, en montaña mucho menos. A parte de un entrenamiento que te lleve a un estado óptimo de forma se necesitan unas cualidades que yo no tengo. Para empezar tengo algo de vértigo y también “creo” en las Leyes de la Física, con lo que cuando la cosa se pone muy empinada me entra una especie de cagaleritis que hace que se bloqueen mente y piernas. Así que el viernes, cuando Fini me mandó un mensaje que no podría salir a correr hasta última hora, dejé la pala y el carrillo (estaba con la obra de mi casa), me calzé las zapas y me dispuse a subir por segunda vez el cortafuegos del Cerro San Cristóbal. Los algo más de 2 km que hay desde la Urbanización hasta la base del Cortafuegos sirven para calentar, una vez tomada la desviación de los Bermejales, el primer camino a mano izquierda lleva a las naves de una constructora y el siguiente es el que tomo, siempre cogiendo la referencia del tendido eléctrico, bordeas un pequeño barranco en las olivas y el primer tramo decido subirlo por el bosque (tenía mejor agarre) asciende una pequeña verea paralela al cortafuegos, que se ve ha sido bajada por alguien más ágil que un servidor (a juzgar por las huellas dejadas con unos derrapes de más de medio metro), así que decido que al bajar repetiré por aquí, así si me caigo me pararán los pinos (es uno de los temores de caerte en el cortafuegos, no hay nada a lo que agarrarte). Cojo ritmo de subida y voy tomando altura a gran velocidad, realmente siento que llevo muy buen ritmo. Llego a la pequeña vaguada antes del último tramo de cortafuegos y me giro para admirar las vistas que se van presentando antes de empezar a correr a lo largo de toda la vaguada, la cosa comienza a empinar otra vez y vuelvo a realizar una transición correr-andar (poco a poco le estoy cogiendo truquillo a esto). Termina el cortafuegos, (desde aquí las vistas son espectaculares, el Mágina, el Almadén, Cárceles, todos te miran imponentes, como diría Fini “te llaman”) cojo la verea que lleva hacia la antena de telefonía móvil que corona el Cerro San Cristóbal, llego hasta ella y me vuelvo en la zona dónde montan la romería de la Guardia (en las Allanadas). Desde aquí, si hubiera tenido más tiempo, puedes dejarte caer por la carretera o bien por un camino que sale un poco más adelante (pasa por unas casas rurales) que te lleva a la carretera que conecta La Guardia con Puerto Alto. Pero teniendo en cuenta que pronto empezaría a anochecer y que la única forma de coger algo de técnica es enfrentándome a mi miedo, decido volver sobre mis pasos y bajar por el temido cortafuegos. Corro a buen ritmo mientras puedo, hasta que llego al cortafuegos e intento bajarlo algo más rápido que la última vez, así que a pesar del respeto que le tenía por la caída de la primera vez que lo bajé y animado por el buen agarre que parece tener mis zapatillas nuevas, comencé a dar rápidos pero cortos pasitos que poco a poco me van haciendo descender, es curioso como tardo prácticamente lo mismo en subir que en bajar (no llevaba reloj, pero así me pareció). Tardé aproximadamente una hora y cuarto y acabé con la sensación que lo había hecho mucho mejor y más rápido que la primera vez esos casi 9 kilómetros con unos 550 metros de desnivel positivo e idem de negativo.
El domingo, puntuales a las 8.30, tres valientes, Fran, Fini y un servidor, nos dirigimos a la Guardia, dónde dejamos los coches, con la intención de subir a la Serrezuela de Pegalajar. Hacía una mañana maravillosa, no tardé mucho en darme cuenta que iba a ser un lastre para mis compañeros, en la primera curva del firme y cómodo asfalto, Fini decide que si hemos salido a correr por el “campo” hay que empezar desde “ya” a buscar campo (o eso o sus Salomon le obligaban a salir del asfalto), así que nos metimos por en medio de las olivas y en las primeras cuestas abajo ya había perdido a mis compañeros de fatiga, cómo bajan estas criaturas, menos mal que iban hablando y se les oía a distancia. Nos reagrupamos de nuevo en el puente que cruza la autovía y cogemos el sendero que lleva hasta Pegalajar. Parecía que el sendero estaba cerrado por una valla, y además ¿para qué seguir un sendero por el que se podía ir cómodo?; no, es mejor coger la línea recta, mirar hacia lo alto del Cerro y no desviarte por nada ni por nadie de esa línea recta, que nos ponen una valla, pues se salta, que tienes que hacer trepadas, pues las haces (así la llamaban ellos, pero juro que en un par de tramos eso era escalada pura y dura, no trepada). Hasta aquí, quitando algún tramo que me dio vértigo, pude ir a ritmo de ellos. Coronamos la Serrezuela y nos recreamos con las vistas de Sierra Nevada y gran parte de la serranía de Jaén. Fini está que se sale de contento por su vuelta a las andadas en montaña y comenzamos a hacer planes allí arriba, los tres, apoyados en el vértice geodésico, recorriendo todas las montañas cercanas en multitud de posibles rutas a realizar en un futuro (espero que no se queden en intenciones y que lo tomemos como una rutina estas salidas motañeras, maravillosa y bendita rutina). Comenzamos la bajada y aún no había terminado de bajarme del vértice geodésico cuando mis compañeros me había sacado más de 100 metros (qué complejo de torpe me crearon). Así y parando ellos cada 300 ó 400 metros para que no me perdiera fuimos bajando poco a poco. Hay que decir que bajamos a través del bosque, dando un rodeo a las peñas, creo que no hubiera sido capaz de bajar por dónde subimos. En una de las poquísimas veces que pasamos por una verea, se presenta ante nosotros un espectáculo que nos dejó impresionados y emocionados, una cabra acababa de dar a luz, la cría aún estaba impregnada en placenta, le temblaban las patitas y apenas podía tenerse en pie. Inmortalizamos el momento y retirándonos de la verea para no molestar a madre e hija continuamos nuestra marcha (es curioso como la pequeñaja intentó seguirnos).
Estas cosas no pasan haciendo series en la pista de atletismo. Seguimos bajando y cuanto más empinada se ponía la bajada más lento iba yo, al contrario de mis compañeros de fatigas, que a más pendiente, más apretaban. Si se escurrían apretaban aún más el paso (¿eso no va contra toda lógica?). Cada uno íbamos aplicando nuestra técnica, la de la “cabrilla”, la del “cabr..”, e incluso mi técnica refinada del “arrastraculos”, para salvar el último escollo antes de llegar a la carretera no dudé en usarla, a pesar del cachondeito de ese par de cabras montesas que tuve por acompañantes en la jornada del domingo. Así terminamos de subir a La Guardia campo a través (cómo no), nos hidratamos con el Aquarius que había llevado Fran y con prisas (para que nuestras “respectivas” no notaran mucho nuestra ausencia) nos despedimos. Atrás quedaban algo menos de 10 kilómetros con casi 800 metros de desnivel positivo y otro tanto negativo. Espero poco a poco ir cogiendo algo de práctica y técnica y que estas salidas de fin de semana se repitan más a menudo. Es una forma muy distinta de disfrutar del correr. Jornada maravillosa, muy buena compañía y con el invierno tan lluvioso que hemos tenido da gusto ir al monte, y disfrutar la naturaleza con los sentidos (qué vistas, qué olor, qué cúmulo de sensaciones tan placenteras).
Desde la perspectiva de un novato en las carreras de montaña la podría calificar como "la rompepiernas". Además en el sentido literal y estricto de la palabra.
Hay carreras que te marcan, por un motivo o por otro, de forma positiva o negativa. Sin duda esta es la carrera que más me ha marcado en mi corta vida de corredor.
Ya desde el principio sentía una mezcla de miedo y respeto, era un terreno y un tipo de carrera totalmente desconocido para mí. La distancia más larga que había corrido era 21 km 97 metros (os suena de algo ¿verdad?) y los desniveles más fuertes en competición rondaban los 800 metros.
Con lo que afrontar esos 28 km con casi 2000 metros de desnivel positivo y otro tanto negativo hacía que le tuviera mucho, pero que mucho respeto.
Mi táctica no podía ser otra que intentar acabarla, con lo que me lo iba a tomar con mucha calma. Para ello me marqué una meta intermedia, llegar al km 20, si llegaba con fuerzas a este punto la carrera sería mía (pobre iluso).
Quedé en la Salobreja con Manolo y Raúl, dos integrantes del club con más solera y prestigio de montaña de la provincia y de Andalucía, el "Hockey Alcalá".
Teníamos previsto salir a las 7.30 pero un olvido de Manolo de la tarjeta federativa nos hizo salir sobre las 8.00 de la mañana. No tuvimos pérdida gracias a Raúl, un jabalí de la montaña (su físico y su marca lo demuestran, seguro que algo de cabra montesa lleva en su sangre).
Dejamos el coche en el barrizal del aparcamiento y nos dirigimos directos a recoger el dorsal, por lo menos en esta parte de la carrera acabé por delante de mis dos compañeros, ya que había dos filas, una para federados y otra para no federados.
Dudas si ponerme tirantillos o la camiseta de manga larga, en ese momento llovía y hacía frío, así que me decido por esta última.
Nos colocamos el dorsal, el chip y nos dirigimos hacia la salida, Manolo y yo nos situamos en la parte trasera del pelotón, pistoletazo y entre vítores y aplausos comienza la aventura.
La carrera preciosa desde el principio, un marco incomparable para correr, además estos primeros kilómetros eran totalmente favorables a mi forma de correr, un continuo sube baja, pero estaba completamente bloqueado en un numeroso grupo, como la verea era estrecha apenas podía adelantar, de todas formas había decidido que me iba a tomar la carrera con mucha calma, así que no me molesté demasiado en adelantar, sólo lo intentaba con los que llevaban bastones, vaya que en algún movimiento tuviéramos un accidente. Además el GPS lo llevaba loco, estaba intentando averiguar qué le pasaba, como no atinaba, decidí apagarlo y volverlo a encender, con lo que de los 4 primeros kilómetros no tengo referencias.
Empezamos a ascender por unos escalones de piedra y empieza a apretar el sol, menudo calor.
El primer descenso que pasamos por al lado de la ermita tiene una zona de escalones artificiales de piedra, que resbalan mogollón, aquí adelanto al nutrido grupo con el que iba y me quedo sólo, sólo se divisaba algún que otro corredor a lo lejos, aprieto algo el paso (siempre sin forzar lo más mínimo) y me uno a los que llevaba delante.
Voy cumpliendo mis expectativas, disfruto de los paisajes, voy muy a gusto y parándome en los avituallamientos (por cierto muy completos, el primero sólo líquido, isotónico y agua, pero todos los demás también sólidos, naranjas, plátanos, nueces, dátiles, glucosa y alguna que otra cosa que he olvidado).
Alterno el correr con el andar en los tramos con pendiente.
Así llego fresco como una rosa al km 14 ó 15, donde un cartelito dice "Subida al Piorno: Cuesta de la Maldición", el por qué la llamaban así lo iba a descubrir enseguida, comenzamos a subir y al mirar hacia arriba busco la culebrilla de colores que iban formando los corredores y otro que llevaba al lado me quitó la pregunta de la boca "¿¡hasta allí tenemos que subir!?". En resumen: 200 metros de desnivel en sólo 700 metros.
Si había tenido dudas sobre el acierto de "estrenar" en carrera unas zapatillas que sólo había probado el día anterior con una rutilla suave de 10-12 kilómetros, en esta subida desparecieron por completo, el chaval que llevaba por delante resbalaba a cada momento (el terreno mojado no ayudaba a mantener el equilibrio), y yo sin embargo iba pisando seguro (menos mal que no me llevé mis viejas NB).
Cuando acabamos de subir, me topo con uno de los carteles que más odié el día de la carrera "Precaución bajada muy peligrosa".
La maldición no la eché en la subida, la eché en la bajada, pero cómo puede alguien bajar corriendo por esas pendientes. El terreno era muy pedregoso, si pisabas la piedra resbalaba y si pisabas el barro también, pero algo menos, así que intentando apoyar los pies en los matorrales para tener algo más de agarre fui bajando a duras penas, mientras me adelantaban multitud de corredores.
Terminamos de bajar y al poco otro cartelito nos avisaba "Subida al Morrón: Cuesta de los Esclavos". Por aquí estaba el km. 20 y ya pensé que había superado la prueba, que ya nada ni nadie me apartaría de la meta. Acabamos de trepar el Morrón y en el descenso empiezo a notar pequeños calambres en los gemelos (estaba empezando a pagar mi mieditis a los descensos, el ir tan frenado me había cargado sobremanera las piernas). Al poco los calambres se fueron pasando a la parte interna del muslo derecho hasta el punto de quedarse encogido y aquí comenzó mi odisea, en plena bajada, intentando molestar lo mínimo a los demás corredores en su descenso y cada vez que intentaba estirar se me montaba algún músculo más (madre mía qué mal lo pasa uno cuando no sabes ni puedes estirar).
Acabamos el descenso y trotando muy despacio fue respondiendo algo mejor mi pierna, cada vez que veía un cartelito de "Precaución: Descenso muy peligroso" me echaba a temblar, además de con miedo hice los descensos completamente cojo, ya que cuando apoyaba la pierna se me volvía a montar el cuadriceps.
Así entre suplicios llegué al km. 24, donde imponente se alzaba el cortafuegos Morrón de la Punta (otros 200 metros de desnivel, pero esta vez en sólo 500 metros de recorrido), aquí pensé en abandonar, no por los ascensos, eso lo llevaba bien, sino por los descensos y viendo el desnivel que teníamos que salvar y teniendo en cuenta que todo lo que sube, baja, no sabía si mi tocada pierna derecha iba a aguantar. Mi salvación estaba de naranja fosforito, un miembro de Protección Civil, al que le pedí réflex, me rocié la pierna derecha y comencé mi ascenso, unos 100 metros más adelante pensando que ya iba mucho mejor mi pierna, ¡plas!, la otra pierna, miro hacia abajo y por no volver a bajar me quedé sin réflex en la pierna izquierda, como puedo me echo en el suelo y comienzo a darme masajes en las piernas, al tiempo que todos los corredores que me van adelantando me ¿animan? a abandonar.
Pero esto no es como el asfalto que te echas a un lado y esperas a que pase el coche escoba. Aquí para abandonar tienes que volver sobre tus pasos, así que entre que me gusta acabar lo que empiezo y las dificultades que entrañaban el abandonar decido seguir a pesar de las advertencias de las fuertes bajadas que aún quedan.
A partir de aquí sufrimiento, frío, ganas de acabar, todo eso podía con la belleza del paisaje que se abría a mi alrededor.
Los últimos 2-3 kilómetros un contínuo sube-baja que si no fuera por los calambres lo podría haber realizado a un muy buen ritmo. Paso el kilómetro 27, ya en lo alto de la peña de la Ermita se ve la meta y se oye a la gente. Salto del olivar al asfalto y al caer noté cómo se petrificaban las piernas, las toco y eran cemento puro, no podía andar siquiera, la gente aplaudiendo y mirando extraña cómo tenía que empezar a darme masajes a apenas 300 metros de la meta, a los pocos minutos pude empezar a andar y mi orgullo hizo que pudiera cruzar la meta trotando en 3 horas 55 minutos.
Muy bien la bolsa del corredor con camiseta técnica, bidón portabebidas, bragas para el cuello, botellita de aceite, glucosa, bolsa de patatas y al acabar la carrera chaleco impermeable y abrigado de gran calidad.
Después de la ducha aperitivo de habas, tocino, pan, croassant (o como se escriba) y cervecitas o refrescos hasta la hora de la paella.
El arroz buenísimo y la compañía mejor. Eché un buen rato con la gente del Hockey, gracias a ellos superé algo mi bajo estado de ánimo, acabé casi más tocado a nivel de "coco" que de piernas, así que la compañía en esos momentos fue de agradecer.
Los grandes triunfadores de la jornada tanto a nivel individual (colmando casi todos los podios) como de equipos (quedaron los primeros) fueron la gente del Hockey. Mi enhorabuena a ellos, no sólo por el éxito deportivo, sino por la unión y el buen rollo que hay entre ellos. Hubo un momento de alarma cuando el bebé del que creo que era el seleccionador andaluz de montaña despertó el instinto maternal de más de una integrante del club e hizo peligrar la integridad de la sección femenina del club (si en hombres destacan, en féminas no tienen rival).
Quizás tendría que haber dejado mi estreno para mejor ocasión, en que estuviera algo más fuerte, ahora tres días después y totalmente recuperado pienso que no, pero en ese momento lo pasé muy pero que muy mal.
Tengo que trabajar los cuádriceps y entrenar más los descensos para carreras de este tipo. La subida a La Sagra es en septiembre, espero estar preparado para entonces.
He editado la entrada para incluir algunas fotos de la carrera tomadas de la página de atletismo Atarfe, una pasada de fotos que reflejan la dureza del recorrido.
El jueves 11 de marzo agarré un catarrazo de tres pares de coj.... Me perdí la carrera de Mancha Real (empiezo bien el circuito), pero lo que más me dolía era que se acercaba la fecha de la "Subida al Cerro" y cada vez me encontraba peor.
Para colmo la cancioncilla de mi mujer toda la semana era "anuncian tormentas en Jaén", a mí me da igual que llueva en carrera, pero temía que la suspendieran.
El jueves viendo que no se curaba el resfriado, no pude más, me puse mis zapatillas y salí a correr, salí de mi casa y tiré hacia los Bermejales, desemboqué en la Carretera de Puerto Alto, me dejé caer hasta el Puente la Sierra y de aquí hasta el Jontoya y de nuevo a casa. Más de 17 km con unos 250 metros de desnivel positivo e idem de negativo. Me salió algo por debajo de 5 minutos el kilómetro y fui muy tranquilo, el resfriado apenas había afectado mi rendimiento.
Lo siguiente era decidir con qué zapatillas correría. Estaba claro que iba a encontrarme un barrizal, así que pensé que lo más sensato, puesto que no necesitaba amortiguación alguna, era correr con mis viejísimas NB (con "tan sólo" 1800 kilómetros en sus suelas, bueno lo que queda de suela).
La noche del sábado apenas dormí, viendo los tiempos del año anterior, pensé que si bajaba algo el nivel quizás pillara podio (¿quién no ha soñado alguna vez?), entre eso y que la niña se hizo "pipí" a las cuatro de la mañana y tuvimos que cambiarla y cambiar las sábanas (bueno, lo hizo mi mujer, pero yo me mantuve despierto supervisando), me pasé buena parte de la noche en vela.
Abrí los ojos dos minutos antes de que sonara el despertador, así que me vestí, desayuné y puse rumbo a Andújar.
Cuando llegué (poco antes de las 9) apenas había nadie, así que recogí el dorsal (me aconsejaron que al ser muy rígido me lo colocara mejor en la espalda para evitar roces con los brazos) y me dio tiempo hasta de aburrirme.
Empezaron a llegar caras conocidas y entablé conversación con otro corredor de Marmolejo.
Antes de dejar el macuto eché un último vistazo al móvil y tenía un mensaje de Fini deseándome suerte (buen detalle, aunque no le perdono el haberme dejado sólo ante el peligro)
A las 10 menos cuarto me desprendí del chándal, dejé el macuto en la furgoneta ropero y empecé a calentar, miraba para abajo y veía al 80% de los corredores calzados con zapatillas de trail, y yo con estos pelos. Pensé que era como ir a una carrera de todoterrenos calzado con neumáticos slip.
Salida puntualísima a las 10.00 y allá vamos 120 loc@s en salida neutralizada camino del Cementerio.
Nada más empezar noto que llevaba una china en la zapatilla, ¿será posible?, me tiro un rato calentando y no la noto y justo cuando empieza la carrera aparece la condenada.
Menos mal que paramos en el Cementerio (kilómetro 1,2) para reagruparnos y aprovecho para quitarme la china y charlar con Miguel Angel Muñoz Beato. Dan salida y a correr.
Ritmo rápido (sobre los 4 - 4,15 min/km) que mantenemos durante unos 2 kilómetros, mientras que llanea la carrera. A partir de aquí una descripción rápida de la carrera podría ser: Cuesta "parriba", cuesta "pabajo" y otra más "parriba". A continuación en detalle la carrera:
Comenzamos un grupo numeroso por un camino en bastante buen estado, aunque pronto enfilamos un tramo rompepiernas que nos lleva al primer escollo grande de la carrera: la cuesta del Reventón. Ya voy caliente y con hambre de carrera, así que empiezo a subir a un ritmo alto, muy alto, adelanto bastante gente pero al poco me doy cuenta que me he excedido, o paro o no me quedarán fuerzas para acabar, intento trotar pero mis piernas me piden que ande, así que les hago caso entre maldiciones y refunfuñamientos. A todo esto que cada tres pasos que daba, uno resbalaba, no tenían agarre ninguno las zapas.
Los que han sido más conservadores me van adelantando, me doy cuenta que por muy despacio que vayas corriendo, siempre será más rápido que andando, así que entre trote y pasos voy subiendo la dichosa cuestecita sin coger ritmo.
Voy disfrutando de los paisajes, de esas vereas estrechas con bosque típico mediterráneo, al tiempo que pienso que mi posibilidad de podio se había esfumado.
Cuando terminamos la dichosa cuestecita salimos a una ancha pista forestal que nos lleva a la ermita de San Ginés. Aquí veo a unos cuantos corredores parados en el avituallamiento, me doy cuenta que el siguiente tramo va a ser bajada, así que decido no parar, cojo un vaso de agua y un trozo de naranja y me lanzo pista para abajo, saltamos varios arroyos y voy alcanzado y pasando corredores.
Hago el descenso siempre por debajo de los 4 minutos el kilómetro, hay tramos que estuve muy cerca de hacerlo a 3 min/km. Vamos pasando a senderistas que alucinan y aplauden a rabiar al ver a unos cuantos locos volando como cabras montesas en algunos tramos. Disfruté como un niño en la bajada, había tramos que era por vereas incluso en uno de ellos atravesamos un bosque, pero no eran complicados, podía hacerlos a un ritmo muy alto, saltando y literalmente "volando". A esto ayudaba la cantidad de senderistas, peregrinos y ciclistas que iban por los caminos y senderos, se convertían en público improvisado y por cierto muy activo. Hacían que uno se sintiera especial. Mil gracias a todos ellos.
A lo lejos diviso un corredor de la Academia de la Guardia Civil (pensé que era Muñoz Beato) y un poco más adelante otro corredor que no conocía.
Justo cuando los voy a alcanzar el desconocido de pañuelo negro en la cabeza y calcetines largos naranjas, decide que la carrera está siendo demasiado limpia, así que decide quitarse unos cuantos metros de carrera, se mete por debajo de los troncos que hacían de baranda al borde de la pista y ataja la curva, justo a la altura de unos ciclistas que les faltaron tirarle piedras, al grito de "¡tramposo, fullero, eso no vale!". Adelanto al Guardia Civil (que no era Beato) y los ciclistas nos jadean "ánimo, que pilláis al tramposo", les hago caso y aprieto aún más (Dios mío, llevaba un ritmo infernal y mis piernas me permitían más, ¿serán las series?).
Dejo atrás al fullero y acabamos la bajada. Cruzamos el río Jándula (espectacular) y al frente veo imponente el Cerro, miro el gps y calculo que deben quedar unos 5 kilómetros, llegamos a un avituallamiento y sé que va a empezar la temida cuesta del caracolillo, adelanto a Joaquín (antiguo corredor del Fondolivo, actualmente en el Fermín Cacho) y comienzo con el "caracolillo", al poco de ascender empiezo de nuevo a andar y me pasa Joaquín trotando muy despacito, intento engancharme pero me doy cuenta que mis piernas dicen que bajadas las que quiera, pero que no tienen más fuerza para subir. Así que opto por la táctica anterior, voy alternando el andar con el trotar, a esto que me pasa el fullero y me pregunto si habrá hecho de las suyas otra vez.
Al terminar la dichosa cuestecita me dice un ciclista: "a la vuelta tienes un avituallamiento", cojo agua y naranja, me indican que apenas queda kilómetro y medio, así que decido que pase lo que pase ya no pararé de correr.
Cuando calculé que quedaba apenas medio kilómetro me entró un bajón increíble, tuve que aflojar estrepitosamente y me pasaron dos corredores (con la meta ya a la vista). Al final entre que llegué y pudieron cogerme el número de dorsal (lo llevaba a la espalda) pasaron unos segundos que creo que se me coló alguien delante (no tiene la mayor importancia), el speaker por fin pudo ver mi dorsal y anunció mi nombre, junto con un "¡ya eres un bicharraco!".
Me dirijo a recoger mi macuto, me dan la bolsa y una coca cola. El único pero que le encuentro a la organización es que para ser una carrera "relativamente cara" y regalar tan poca bolsa del corredor (una camiseta de algodón, una jarra de barro de recuerdo y unas bragas), tampoco había agua en la llegada. Si querías una botellita, la tenías que comprar en el bar.
Eso sí me bebí la coca de un trago y pregunté si iban a sobrar y me dieron otra. Pero hombre, lo primero que te apetece es beber agua.
En las duchas otra sorpresa, no había agua caliente, iba de barro hasta las orejas, así que a pesar de todo me duché, la primera impresión era que se me había cortado la digestión, cuando caí que no había comido nada desde las 8 de la mañana, supe que no era nada grave. Me quedé nuevo.
Cuando salió la clasificación ví que había quedado 28 de la general, 6º de veteranos A, a tan "sólo" dos minutos del tercero, con lo que me dio bastante coraje, pequé de inexperiencia en carreras de montaña. Esta es la segunda y no acabo de regular bien. En las carreras llanas de asfalto te impones un ritmo y ya sólo te resta apretar los dientes y aguantarlo. En montaña cambia mucho la cosa, si regulas bien en una subida y la haces entera o casi entera al trote, ganas muchísimos segundos, como te eches a andar estás perdido.
No tengo que forzar en las subidas, pienso que podría haber hecho una carrera mucho mejor.
A pesar de eso, he disfrutado mucho, una carrera preciosa en un marco incomparable y rodeado de una gente (tanto corredores como organización) que derrochaban simpatía y buen hacer. Hay que añadir que estaba perfectamente marcada la carrera, con lo que no había posibilidad de perderte, y eso que en varios tramos estuve completamente sólo (es lo que tienen las carreras con límite de inscripciones).
No me quedé a la entrega de premios ni a la copa de después, me bajé con el hombre de Marmolejo que conocí en la salida y con su hijo que había subido a recogerlo.
Me reitero en que cada vez me gusta más este tipo de carreras, en paisajes paradisíacos, rodeado de naturaleza y notando que formas parte de ella. Ahora me explico por qué cada vez más corredores de montaña van acompañados de su cámara de fotos.
Creo que no estoy aún preparado para "carreras duras" estilo Sierra Elvira, Cazorla Trail Running, Sagra o Jarapalos. Pero me encantaría correrlas, sufrirlas y disfrutarlas.
Aquí os dejo una gráfica de distancia con altura y con ritmo (en el kilómetro 1 se dispara el ritmo porque estuvimos parados para reagruparnos).
Siguiendo los consejos de muchos y con la ayuda de Barney me propuse meter algo más de calidad en mis entrenos.
Hasta ahora la única calidad que metía eran las susodichas cuestas de mi Jaén y alrededores, lo que te obliga a cambios de ritmo constantes y a tener unas piernas fibrosas capaces de aguantar lo que le echen.
Pero ha llegado un punto de inflexión (1'24'' en la media maratón de Córdoba) que me ha hecho pensar que para poder mejorar esa marca iba a necesitar algo más. Me puse la meta de la media maratón de Málaga, así que me puse en contacto con Barney y le pedí uno de sus mágicos planes de media maratón, tuvo la amabilidad de pasármelo y empecé con mucho entusiasmo como niño con zapatos nuevos.
Las cosas se han ido torciendo y mucho. No voy a poder ir a la cita de Málaga, estaré de obras, pero como soy persona a la que no le gusta dejar nada a medias, sigo yendo dos veces por semana a la Salobreja a sufrir con las series del dichoso plan.
Sí, he dicho sufrir, porque ni en las carreras más duras que he corrido en mi corto palmarés he pasado tanta fatiga. Días con frío, viento, lluvia e incluso una tarde me empezó a nevar con ventisca, y a pesar de todo ahí estaba un servidor sufriendo cada segundo, cada metro de cada repetición.
Decididamente no me gustan las series, me aburren enormemente, sobre todo esas largas de 4000 ó incluso 6000 metros, si no fuera por el apoyo del reloj perdería constantemente la cuenta de las vueltas.
En las cortas uno por lo menos lleva sensación de velocidad, pero acabo como los perros sarnosos, echando baba por la boca literalmente. En las largas empiezo con la sensación de velocidad y termino "padeciendo" que voy a rastras, tambaleándome de un lado a otro del cansancio.
Quizás me haya marcado una marca muy baja (1'22''), creo que no, si hace cuatro meses logré bajar a 24, dos minutos menos no es ninguna barbaridad.
En fin sea lo que sea, estoy entrenando para ¿nada?. Nunca se entrena para nada, lo único que no tengo una carrera objetivo fijada, cuando pase la obra espero encontrar una lo suficientemente llana.
Por ahora empieza el circuito de carreras populares y las carreras de montaña, así que como ya tengo algunas referencias del año pasado veré si voy mejorando o si por el contrario de poco me está sirviendo estas palizas.
Si has llegado hasta aquí leyendo te habrás dado cuenta que dudo mucho de la efectividad que puedan tener las series en mi rendimiento. Cada persona es un mundo y lo que a unos le va muy bien a otros puede que no le vaya tanto. No entiendo como haciendo 3 series de 4000 o 2 de 6000 algo por debajo de 4' en una pista de atletismo, me va a ayudar a mantener este mismo ritmo en media maratón. Espero estar equivocado y notar una gran mejoría en competición, el tiempo lo dirá.
El miércoles acudí a un llamamiento de la Universidad de Jaén. Buscaban conejillos de indias para hacer un estudio completo a más no poder del atleta veterano. Quieren ver cómo afecta la competición, no sólo a nivel físico, sino también psicológico y social en los que ya no somos críos. Allí nos asesoró un gran atleta y simpatiquísima persona: Pedro Angel Latorre.
Se nota que hace lo que le gusta y por tanto disfruta con lo que hace. A pesar de que se vieron desbordados por la gran asistencia de voluntarios, para todos tuvo un rato y paciencia para comentarnos los resultados que arrojaban su máquina.
Rellenamos un cuestionario para saber nuestras costumbres, posible estrés y obsesionamiento con el ejercicio, nos tomaron la tensión, con el dinamómetro comprobaron la fuerza de ambas manos y por último nos subieron a la "máquina de la verdad", un bicho que en apenas dos minutos y a través de corrientes eléctricas te da toda la información sobre tu cuerpo: análisis de la composición corporal, análisis musculo-grasa, diagnóstico de obesidad, balance corporal, control de peso, área de grasa visceral, estado fitnes, metabolismo basal, impedancia ... No valía meter barriga (más de uno lo intentó), la máquina te descubría.
Nos estuvo explicando que nos iban a hacer las pruebas en el circuito de carreras populares, para lo que se nos iba a proveer de un pulsómetro y un brazalete que les darían información de cómo el cuerpo se adapta a las condiciones de carrera y cómo posteriormente se recupera (pulsaciones, calor corporal, etc.).
En fin, muy buena iniciativa de la Universidad de Jaén que hay que aplaudir, supongo que impulsada por Pedro Angel y por Jesús Salas, a los que tenemos que agradecer un estudio completo y profundo, y que hace que por unos momentos nos sintamos mimados como si fuésemos deportistas de élite, con la tecnología y el saber de grandes profesionales a nuestra entera disposición.
Este domingo Mancha Real, pistoletazo de salida del II Gran Premio de Carreras Populares de Jaén.
Qué bonitos son los bautizos, ese momento de estreno en competición, en media maratón, en maratón, ... nunca se olvidan. La ilusión, la felicidad que se siente, la emoción, el culminar en un momento lo que tantas horas nos ha llevado entrenar. Todo esto es lo que ha vivido este fin de semana nuestro amigo Andrés, su estreno en maratón.
Si ya tengo ganas de estrenarme en maratón, al leer crónicas como esta aún me da más ganas.
Copio y pego literal el correo que me ha mandado.
Enhorabuena Andrés.
Bueno amigo como lo prometido es deuda te comento como fue casi todo
Sobre las ocho ya estaba en el estadio, el aparcamiento, genial, sitio de sobra y junto al estadio.
Mi primera sorpresa estufas , junto a sillas para poder cambiarnos "calentitos", pues la temperatura rondaba los 3 ó 4 Grados,
Muchos carteles indicándolo todo, servicios, guardarropa...
Preparado ya para la salida, disponíamos de zona de calentamiento, me sitúo en zona de salida de 4 horas y algo más, fallo, porque el primer kilómetro se hace en grupo y tarde casi 8 minutos, y ya, a mi ritmo, no cogí al globo de 4 horas hasta el km. 8 +-, al ponerme a su altura veo que puedo tirar un "poco", solo un poco más,
Así anduve hasta el km. 30, solo como la una, pues no encontraba un ritmo adecuado al que pegarme, uno de San Sebastián se me engancha y me dice que tiremos, así, hasta el km. 38, en el que me pide que tire un poco más y le digo que nanai de la china, que voy justo, de forma que desde el km. 38 hasta la meta voy ya solo, cansado pero tranquilo, y con intención de no pararme, hasta que empiezo a ver el estadio, al que le damos la vuelta por el exterior en el último km. Y por fin la entrada al estadio, podría haber entrado con un "pequeño" sprint, pero no quise, preferí entrar despacio y saborear las mieles del éxito, del éxito persona. La sensación, maravillosa, genial, indescriptible...
Ya entrado, enseguida nos dan una botella de agua, y empiezan los detalles que hacen grande a una prueba, un grupo de personas nos echan una toalla por encima para abrigarnos, diez metros más otro grupo de personas para ayudarnos a quitarnos los chips de los zapatos, diez metros más nos cuelgan la medalla conmemorativa de la prueba, una bolsa de avituallamiento, con comida y bebida de Carrefour y ya sigues hacia adelante buscas tus pertenencias y te marchas camino del Fisio, del Podologo, de los "masajistas deportivos" para ayudarte exclusivamente a estirar, duchas...
En fin, una experiencia única, que se hace mucho más única cuando la organización te brinda detalles tan buenos. Os animo a todos a ir a correr esta prueba, merece la pena vivir las sensaciones de la maratón con los detalles de la organización, que por cierto, fue calificada el año pasado como la mejor de España, por delante incluso de la Maratón de Madrid.
Bueno amigo, aquí va un buen resumen de la maratón, tu ya resumes como quieras, y cuando tenga una foto te la mando, previo pago, claro, por lo de los derechos de imagen y eso...
Un saludo, un abrazo y nos vemos, cuando tú quieras....
Andrés
